Se trata de un metal orgánico, en forma de micro-esponjas, que captura el gas a una temperatura y una presión muy elevadas. La idea es utilizarlo en el futuro para capturar el dióxido de carbono, que emiten las centrales de carbón o los vehículos, y así evitar la emisión del gas contaminante a la atmósfera.
Para lograr estos poros “atrapagases”, bautizados como ZIFs, se han unido diversos tipos de metal como el cobalto o el zinc con moléculas orgánicas. La principal ventaja es que una vez saturadas estas esponjas metálicas, pueden ser “descargadas” y ya están listas para usarlas de nuevo.
Los desarrolladores aseguran que estos nuevos materiales pueden ayudar en muchos ámbitos industriales y cotidianos amitigar los efetos de este y otros gases. Esto, claro está, si finalmente fuese viable su comercialización.
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